Tradicionalmente, las personas se reunían principalmente en la cercanía,  marcada por el entorno, tanto en lugar de residencia, como en entorno laboral, formando diferentes comunidades.  Gracias al gran desarrollo de las TICs e Internet, estas comunidades están evolucionando, y ya no se basan tanto en la cercanía, si no en si no en intereses o temas afines que compartan (Castells, 2001).

“Conjunto de personas que comparten elementos que proporcionan una base para el aprendizaje y la colaboración en torno a un tipo de actividad profesional o laboral particular, por lo que el aprendizaje y colaboración son un objetivo en sí mismos, de manera que mientras resulte benéfico para sus propias prácticas profesionales los miembros de una comunidad pueden seguir participando en ella por varios años” (Ávila, Madrid y Echevarría, 2009).

Las “Comunidades de Práctica/Aprendizaje” son una agrupación de personas que aprenden en común, utilizando uno o varios espacios (virtuales o presenciales) de interrelación y contacto,  donde comparten inquietudes, experiencias y formación, y donde construyen conocimiento de forma conjunta. Las comunidades favorecen las diversas formas de aprendizaje, autoaprendizaje, aprendizaje informal, aprendizaje, abierto, etc. y la formación en red, posibilitando así la dimensión personal y social del aprendizaje. (Barrera-Corominas, Fernández-de-Álava & Sallán, 2014).

El conocimiento debe ser gestionado de manera lógica, y debe codificarse para poder darle uso. Esta transformación, se produce cuando los distintos tipos de conocimientos, los  que dispone tanto el individuo, como la organización, ya sea conocimiento interno o externo, el conocimiento tácito se transforma en conocimiento explícito y viceversa. Esta conversión se consigue mediante la combinación de distintos procesos, como pueden ser la socialización, externalización, conceptualización y experimentación (Martín, 2002).

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